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8.22.2012

Fotos Antiguas (IX)

[Julieta]
Todo me da vueltas, y me agarro al quicio de la puerta para no caerme. El olor, la foto, la chaqueta, los recuerdos... Todo se agolpa ante mí y siento náuseas.

La habitación huele a mi perfume.

Hay una foto nuestra (que pensé que había desaparecido de la faz de la Tierra) besándonos en la mesilla de noche.

La chaqueta de cuero que le regalé en su cumpleaños (y que obviamente le queda pequeña), está colgada en un perchero a mi izquierda.

Han pasado años... Y sin embargo, ésa última noche, los gritos, las lágrimas, los recuerdos... Todo me ataca de golpe. Y ahora lo recuerdo todo.

Recuerdo por qué no soy capaz de pensar con claridad cuando estoy cerca suyo. Recuerdo todas y cada una de las discusiones que tuvimos. Recuerdo cómo, a pesar de estar juntos, yo perdí las ganas de vivir y me dediqué a vagar por los días como un muerto viviente. Lo recuerdo todo. Recuerdo por qué me fui.

-¿E-estás bien? -tartamudea, alterado.

Consigo mantenerme consciente y le miro a los ojos. Niego con la cabeza, más para mí misma que para él. Agacha la cabeza y frunce los labios (tal y como solía hacerlo), aunque levanta la vista al cabo de unos segundos. Alarga la mano para darme un abrazo pero yo doy un paso atrás.

-No -respondo-. No.

-Por favor... -suplica. El dolor me martillea en los oídos.

Ya he llegado a la puerta. Me giro una última vez e intento quedarme con los buenos recuerdos que me trae su esencia, pero, como todos ellos, sólo consigo tener un sabor amargo de boca.

Las fotos antiguas capturan momentos pasados. Momentos que se fueron, momentos que no se pueden volver a recuperar. Yo he intentado volver al pasado, pero, como las fotos antiguas, sé que lo que tuvimos entonces no volverá nunca.

Y mientras conduzco en silencio con los ojos empañados en lágrimas, sé que así quiero que sea.

Fotos Antiguas (VIII)

[Romeo]
Siempre pensé que alquilar un piso cerca del Retiro sería una de las mejores inversiones de mi vida, y ahora lo agradezco, porque caminamos cogidos de la mano hasta mi casa. Me paro ante el portal y la beso la frente.
-¿Quieres subir?
Clava la vista en el portal, como si así pudiera descubrir algún detalle que se la hubiera pasado por alto; se queda dubitativa varios segundos (ese es el tiempo que deduzco que pasa, porque a mi me parecen años), y por fin sonríe tímidamente y asiente con la cabeza. Intento disimular lo mucho que me tiemblan las manos y abro la puerta.

Puede que esta sea la noche más especial de mi vida.

[Julieta]
Me tiemblan las manos y trato de ocultarlo, metiéndolas bien al fondo en los bolsillos y apretando los puños; no sé por qué siento este extraño hormigueo en el estómago, pero me está haciendo acordarme hasta del cocinero de la hamburguesa de antes.

Por mucho que haya cambiado su apariencia física, su casa es exactamente como me la habría imaginado hace años; no sé muy bien cómo describirla, simplemente puedo decir que la reconocería en cualquier lado como suya. Estoy nerviosa. Todo a mi alrededor huele a él y eso me provoca sensaciones que hacía muchos años que no sentía.

No obstante, también trae a la luz muchos recuerdos.

[Romeo]
Estoy nervioso. He sacado unas cervezas y la he ofrecido ver un poco la tele, más que nada porque no se me ocurre una idea mejor, y, por mucho que me apetece, no me voy a tirar encima suyo, porque, demasiado tarde, me di cuenta de que no la gustaba. De tal manera, estamos sentados en el sofá, abrazados el uno al otro (tal y como ella me confesó que era su sueño), mirando a la pantalla. Sin embargo, me da la sensación de que ninguno de los dos está realmente atendiendo a lo que dice la caja tonta.

¿Es por la pérdida de costumbre o hay otro motivo para que me sienta realmente tenso?

[Julieta]
No estoy segura si es por todo el tiempo que ha pasado o hay algo más, pero estoy muy tensa; su contacto es exactamente igual que era cuando yo todavía llevaba aparatos, pero hay algo que me provoca un escalofrío desagradable. No tengo ni idea de lo que están dando en la tele, y cuanto más tiempo pasa, más nerviosa me pongo.

Decido romper la tensión sugiriendo ir a su habitación. Noto que se pone colorado (y muy nervioso), pero intenta parecer un hombre y me conduce hasta allí. Según entro se me congela la sangre en las venas.

8.07.2012

Fotos Antiguas (VII)

[Julieta]
Claramente, sigue siendo él. Puede que haya cambiado su peinado, su cuerpo, su forma de vestir y más, pero sin duda, sus labios siguen siendo los mismos que me hacían ver fuegos artificiales hace varios años; suaves, delicados y a la vez fuertes, cuidadosos, dulces. Y como yo también sigo siendo yo misma, abro los ojos para mirarle mientras me besa; tiene los ojos entrecerrados y los párpados le oscilan de emoción, exactamente igual que hace varios años. Respira con fuerza, y con cada espiración se le nota temblar. Parece que le está dando un ataque epiléptico.

Lo he echado de menos.

[Romeo]
No hacemos comentarios después de separarnos, no hace falta. Lo decimos todo con los ojos, a pesar de que me cuesta que retenga la mirada con la mía; en eso tampoco ha cambiado. Pago la cuenta y salimos del restaurante, hacia el acogedor viento otoñal. Acogedor irónicamente, por supuesto, porque hace frío; la paso un brazo por los hombros, y ella me agarra de la cintura, pero cada vez que viene una ráfaga de viento se apretuja contra mí como si no hubiera mañana, aunque intenta disimularlo. Me quito el abrigo y se lo cedo; ella insiste en que me lo quede, pero acaba aceptando, obviamente agradecida. El frío ahora me ataca a mí, con lo que tengo que hacerme el valiente. Tengo que contenerme para que no me castañeen los dientes.

Lo he echado de menos.

8.06.2012

Fotos Antiguas (VI)

[Romeo]
He decidido ser valiente por una vez en mi vida y he cambiado rápidamente de tema; he pasado a hablar sobre música y en seguida se ha disipado la tensión. Veo mucho de mi vieja chica en ésta que veo ahora; en ocasiones se queda callada y se mordisquea el pulgar, no deja las manos quietas, hincha los carrillos... Me gusta oírla reír de nuevo, ahora que genuinamente sé que no está fingiendo; su risa es dulce, siempre conseguía relajarme.

El tiempo ha pasado a una velocidad de vértigo, así que he sugerido salir del parque y sentarnos a tomar algo; para ser sinceros, me sorprende que haya aceptado.

[Julieta]
Aún no sé qué masoquista y retorcida parte de mi cerebro ha dicho que sí. Tendría que haber fingido tener prisa, haber dicho que tenía que estudiar o no haber dicho nada en absoluto. Pero tendría que haber dicho que no. Tonta, tonta, tonta, tonta, tonta.

Pero si me paro a mirarle dos veces vuelvo a estar presa de él; de sus ojos, de su sonrisa, de sus brazos, de su olor, de sus bromas... Y al parecer la parte masoquista de mi cerebro es más grande de lo que pensaba, porque sin comerlo ni beberlo he acabado cenando con él. No sé por qué he pedido una hamburguesa, así que me encuentro con la boca llena y él riéndose a carcajadas. Si viera las pintas que tiene con su hamburguesa de dos pisos. Me convulsiono mientras río y un mechón corto se me viene a la cara. Tengo las manos llenas de grasa, así que hago aspavientos para intentar recolocarlo. Él se ríe y se limpia las manos con su servilleta (la mía está ya muy manchada); arrima su silla a la mía y con mucho cuidado, como si fuera de porcelana, toma el mechón rebelde y lo sitúa detrás de mi oreja.

No lo ha notado, pero se me ha puesto la piel de gallina.

[Romeo]
Espero que no se haya dado cuenta de que tengo la piel de gallina. Fija su mirada con la mía, y yo me pierdo en sus ojos, que a la luz artificial se vuelven de un gris más metálico, como mercurio. Sólo treinta centímetros separan nuestras bocas.

Veinte. Diez.

La paso una mano por la nuca y la atraigo hacia mí.

Cinco centímetros. Oigo su respiración agitada y nerviosa.

Pone su mano sobre mi pecho y entrecierra los ojos.

Dos centímetros.

La beso.

8.05.2012

Fotos Antiguas (V)

[Romeo]
En algún momento de la confusión y los tartamudeos hemos acabado dando un paseo juntos. Por supuesto, lo primero que ha hecho ha sido comentar lo mucho que he cambiado, pero pronto ha descubierto que, por mucho que haya cambiado mi aspecto físico, sigo siendo el mismo tío que la rompió el corazón un nublado día de primavera. Así que ha tenido que ser ella la que rompa el hielo, preguntando qué tal me ha ido.

La he contado la verdad; que pasé un año más bien pésimo después de romper, casi siempre encerrado en casa y dejando mis estudios de lado. Noto que la ha entristecido oír eso, así que rápidamente paso página; según fueron pasando los meses, y los días me iban arrastrando lejos de mi propio agujero negro volví a salir; conocí a una chica, Patricia, y la pedí salir al poco de empezar a quedar. Noto que eso la anima mucho más, aunque parece algo nerviosa. Obviamente ella sí ha pasado página, así que es natural que se alegre por mí. Claro que hay muchas cosas que no la cuento.

[Julieta]
Sé que debería alegrarme por él, y ciertamente me ha gustado oír que salió del agujero negro, pero el oír que ha estado con otras chicas hace que me tense; resoplo para mí: ni que fuera asunto mío. Con suerte, no se ha dado cuenta, así que sigo escuchando cómo me cuenta sus días sin mí mientras hago comentarios puntuales y suelto risas falsas.

-Bueno, y... ¿Qué ha sido de tu vida? Yo llevo hablando siglos ya.
Noto que se me encienden las mejillas, cosa que él confirma haciendo un comentario sobre de ello, y empiezo a tartamudear antes de poder hilar dos frases. Él se ríe (mientras me baja un escalofrío por la espalda) y me pasa la mano por la espalda, intentando tranquilizarme (obviamente su contacto no me tranquiliza en absoluto). Sea como sea, consigo hacer de tripas corazón y comienzo a contar mi parte.

Después de que se marchara, yo también lo pasé mal; no obstante, y supongo que se puede decir "con suerte", mis hermanos no me dejaron sola ni un segundo. Conociendo mis antecedentes y mi problema, me obligaron a salir y a relacionarme, con lo que volví a ser yo (ser al que no considero normal, pero digamos que al menos pienso con raciocinio) en cuestión de relativamente poco tiempo. Mateo, mi mejor amigo desde que me cambié de colegio se me declaró y estuvimos saliendo siete meses. Naturalmente, no aguanté, y acabé saliendo por patas cuando quiso que me fuera de vacaciones con él. Gracias a Dios, conseguimos mantener la amistad, y él pasó página rápido. Yo no resulté especialmente afectada. Empecé a salir con otros dos chicos más, pero ninguna de esas relaciones duró lo suficiente como para llamarse "noviazgo"; desde entonces estoy soltera. Y sola, muy sola. Claro que eso no se lo cuento a él.

[Romeo]
-Pues me alegro muchísimo de que te haya ido bien, en serio, es bueno oírlo.
Finjo una sonrisa.

[Julieta]
Suelto una risa falsa.
-A mí también me alegra oír que has estado feliz, sí.

Ninguno de los dos somos capaces de mirarnos a los ojos.

Fotos Antiguas (IV)

[Julieta]
No me puedo creer que sea él. ¡Casi no se le reconoce! Se ha dejado el pelo muchísimo más largo que cuando estábamos juntos, que lo llevaba casi rapado; ahora le llega por debajo de las orejas, y debió seguir mi consejo, porque se ha peinado el flequillo de lado. Está guapísimo. Por otro lado, ha perdido algo de peso y ha debido ir al gimnasio, porque, incluso con el abrigo puesto, se le nota más musculado. Ha cambiado su estilo de vestir por completo, y ahora por fin va bien vestido; hasta tiene estilo, me atrevería a decir.

Con todo, todavía sigue teniendo esa graciosa sombra en el bigote con la que solía picarle, y sus ojos siguen siendo del mismo color café que cuando capturaban mi mirada hasta altas horas de la mañana.

[Romeo]
No ha cambiado en absoluto. Es cierto que lleva el pelo un poco más corto, y que ha debido hacer ejercicio, porque se la ve más tonificada, pero parece que el tiempo no haya pasado por ella. Sus ojos siguen siendo del mismo color gris azulado del mar durante el crepúsculo, y sus labios carnosos siguen teniendo pequeñas grietas por falta de hidratación. Me pregunto si se seguirá poniendo histérica cada vez que ve un bicho.

[Julieta]
Trato de salir del estupor inicial, en el que me da la sensación que llevo sumergida horas, y sonrío, tratando de disimular que estoy híper ventilando con una risa ahogada.
-Ho-ho-hola...

[Romeo]
Oír su voz de nuevo despierta algo en mí. Pensé que ya la había olvidado, que sólo quedaba en mí el recuerdo de su fantasma, pero ahora que está delante mío, todo es distinto.
-Hola.

8.03.2012

Fotos Antiguas (III)

[Julieta]
La verdad es que aún no comprendo del todo qué hago aquí. Quería despejar la mente, así que he cogido el coche y me he dedicado a recorrer calles aleatoriamente. Pero el destino no es aleatorio, porque sólo puede ser obra de mi cruel subconsciente el haberme devuelto aquí. Para ser sincera, creo que no había pisado el Retiro desde que lo dejamos. En cualquier caso, aparco el coche donde puedo y me interno en la zona más frondosa del parque, aquella donde pasamos uno de los mejores días que ha visto la historia de este mundo. Me gustaría haber guardado el vídeo, pero recuerdo que le pedí a Carlos que se lo llevara, junto con todas sus cosas; es increíble lo mucho que te puedes aprovechar de la inocencia de tu hermano pequeño.

Cruzo el pequeño puente que atraviesa el arrollo y me siento en un árbol de tronco ancho. Durante un rato me dedico a mirar alrededor, contemplando los patos que se acercan a un chico que les está lanzando migas de pan.

[Romeo]
No sé en qué demonios estaba pensando cuando decidí volver al parque; he estado dando vueltas como un idiota, y he acabado comprando un poco de pan para los patos. Me permito el lujo de comer yo un poco, mientras les lanzo algo de miga a tres patos que se han arremolinado a mis pies, desde su lado del puente.

Se me acaba la comida y los patos se quedan mirándome, decepcionados. Al cabo de un minuto, cuando acaban aceptando que no les voy a dar más de comer, se vuelven al agua y se alejan, graznando. Les observo desaparecer en el arrollo y miro a mi alrededor. Esta es sin duda mi parte favorita del Retiro; es la más frondosa, y verdaderamente sientes que te puedes perder entre la maleza. Hay una chica sentada al pie de un árbol de tronco ancho. Me llama la atención que lleve capucha a pesar de que ya haya salido el sol. La chica levanta la vista y capturo sus ojos.

Oh, no.

[Julieta]
El chico de las migas de pan se dedica a mirar en círculos, claramente pensativo. La manera en la que se apoya en la barandilla me resulta familiar. Sigue mirando a su alrededor y entonces se da la vuelta.

Oh, no.

8.02.2012

Fotos Antiguas (II)

[Romeo]
Llego a casa y dejo las llaves en el cuenco de la cómoda; me quito el abrigo y lo dejo colgado en la bañera para que se seque; menuda la que está cayendo. Tengo el pelo empapado, pero con el día que llevo me da igual. Hay algo que me está presionando el pecho, que me turba la mente, pero no consigo averiguar qué es.

Me recuesto en el sofá y me echo una manta por encima; pongo la tele, pero en seguida me aburro, así que voy a mi colección propia de películas y me pongo a buscar algo entretenido para ver. Recuerdo haber visto la mayoría hace poco, así que me voy directamente a los discos más antiguos; ojeo los títulos y paso las hojas rápidamente, pero hay una que me detiene en seco. "Romeo & Julieta". Ése era nuestro mote cuando estábamos juntos. Saco el disco y lo introduzco dentro del reproductor.

Cinco de septiembre. Siempre me pregunté por qué preferiría las fotos antes que las películas caseras; ella decía que las fotos capturaban momentos más mágicos, pero para mí no hay nada en el mundo más mágico que verla a ella corretear por el Retiro con su preciosa trenza medio deshecha. Se ríe y se tapa la cara con las manos, gritándome que apague la cámara. Me da rabia no recordar qué fue lo que la hizo reír tanto, pero se me pasa en seguida. Ahora salgo yo en escena, puesto que me ha arrebatado la cámara en uno de sus movimientos ninja. Saco la lengua al objetivo y alargo las manos para hacerla cosquillas. Consigo recuperar la cámara y me la acabo colgando del cuello, sin apagar. Me abraza por la cintura y yo la paso la mano por el pelo, consecuentemente llevándome un reproche. Bajo la mano a su cintura y la beso.

La cámara sólo muestra nuestros cuellos, pero recuerdo ese beso como si hubiera sido el primero. Sus labios cortados, que se humedecían según mi saliva los empapaba; sus manos pequeñas pero fuertes, acariciándome la espalda con delicadeza, su pelo, que se me metía en los ojos cuando había viento. Lo recuerdo todo de ella.

Los cuerpos del vídeo se separan, y ella vuelve a salir corriendo. Me sale una sonrisa involuntaria y me pregunto:
¿Qué habrá sido de la pareja del vídeo?

7.30.2012

Fotos Antiguas (I)

La presión en mi pecho se está haciendo demasiado fuerte para soportarla. Aprieto el paso y subo corriendo por las escaleras, el ascensor se me haría eterno; entro en mi cuarto y cierro la puerta, dejando que la mochila caiga descuidadamente. Me desvisto y me pongo el pijama; ir en camiseta XXXL y pantalones cortos de chándal me hace sentir un poco más libre. Ahora ya puedo relajarme.

Pongo un poco de música, e intento buscar alguna canción que no me ponga de los nervios, sin éxito. Quito la música. Me tumbo boca arriba con las piernas apoyadas en la pared, pero eso sólo me da cabida a perderme en mis pensamientos, así que cambio rápidamente de postura. Resoplo. Me deslizo de la cama al suelo y me cruzo de piernas; abro un cajón de la mesilla de noche y saco un libro. Acaricio el bordado dorado que dice "Recuerdos" con la punta de los dedos y lo abro por una página al azar. La primera foto que capta mi atención es la de mi segundo cumpleaños, donde sale mi abuela sosteniéndome en brazos y mi madre sonriendo. Se me salta una lágrima al instante, así que no dudo en pasar de página. Ojeo viejos momentos familiares: mis hermanos y yo en la playa, yo persiguiendo a nuestro antiguo perro, mis padres cogidos de la mano... Hasta que llego a mis recuerdos.

Tenía el pelo mucho más largo por aquel entonces, y era aún más bajita de lo que soy ahora; era invierno y estaba nevando, y él llevaba un gorro de lana rojo y verde. Logró convencerme de que me pusiera una bufanda, así que sólo se me ve media cara, porque yo también llevaba gorro. Aparecemos abrazados y mirando al cielo, riéndonos risueños, éramos felices. La siguiente foto la sacamos dentro, en primer plano; mi pelo cae por su hombro según inclino la cabeza sobre la suya, y por el borde se ve su mano rodeándome por los hombro. Él sale con un ojo rojo, y aun todavía me río recordando las bromas que hicimos al respecto. Al mismo tiempo me enjugo una lágrima.

Contemplo todas nuestras fotos lentamente; acaricio su rostro en las que más recuerdos despiertan y me quedo embobada mirándonos. ¿Qué fue de la pareja de la foto?