Bienvenido al mundo de mis sueños y pesadillas; lo que ves, es lo que hay, y si no te gusta, no mires. Puede que no sepa volar, pero sé escribir, y eso, algún día, me hará libre.
5.21.2015
Tic, tac
Las manecillas del reloj resuenan en tu cabeza como si de la cuenta atrás de una bomba se tratase. Y es que así podría ser, perfectamente. Puedes sentir a la Sombra acechándote desde hace semanas, y te obligas a mirar al frente, sencillamente porque no te hace falta darte la vuelta para sentir su gélido aliento sobre tu nuca. Se va acercando, como el estallido de una bomba, el final de una sinfonía, el día del Juicio. Un juicio en el que no hay culpa ni culpables pero sí castigo. Y como granos de arena cayendo por el reloj, sabes que el tiempo se acaba.
Tic, tac.
Puedes sentir a la Sombra haciéndote cosquillas, penetrando en tu alma para acabar con ella; y está jugando sucio. Sabe que tus fuerzas flaquean, que el tren está a punto de pararse en seco, y ha decidido enviar un comisario para destruirte. La ira recorre tu sangre al igual que mercurio caliente, empapándolo todo, expandiéndose, buscando un recoveco por el que salir y arrasarlo todo. Y los emisarios del demonio siguen apretando botones peligrosos, empujándote contra las cuerdas, provocándote con sus sonrisas de payaso para que dejes que la Sombra se haga cargo de tu sistema y pueda liberar a la bestia, dejar que la bomba estalle para destrozarlo todo con su metralla.
Tic, tac.
Intentas mantenerte distraída como sea, canalizar la adrenalina de forma segura, pero puedes sentir cómo el veneno asciende por tus venas, emponzoñando tus sentidos, doblegando tu voluntad sin tener la compasión de nublar tu raciocinio. Los susurros de la Sombra se vuelven más y más tentadores, su voz una promesa de terciopelo rojo. <<Te has estado resguardando en tu maltrecha coraza demasiado tiempo>>, te recuerda, <<y sabes que quieres volver a mis brazos>>. Igual que Atlas, sostienes el mundo, tu pequeño pero pesado mundo, sobre tus desgastados hombros. Te mantienes estoica, impertérrita, de piedra por fuera mientras se cuece la hecatombe por dentro. Resistes los golpes.
Pero se te acaba el tiempo.
Tic, tac.
5.18.2015
Versos agridulces
12.24.2014
Luces de Navidad
12.20.2014
No lo intentas
Lo más doloroso son los mensajes de "ni siquiera lo intentas". Si ellos supieran lo que es intentarlo. No te ven mejorar, por lo que deducen que no lo estás intentando, pero la realidad es muy diferente. La realidad es que ellos ven la mejor versión de ti, todos tus esfuerzos reunidos en no acabar con todo, en no emperorar a la velocidad a la que las voces querrían. Intentarlo es encadenarte a la barandilla del puente cada vez que tienes que cruzarlo, clavar las uñas en la mesa cuando la ventana se vuelve una tentación, obligarte a mirar en cada paso de cebra. Pero eso ellos no lo ven. No pueden, al fin y al cabo. Pero aun así no deja de ser injusto que te reprochen no intentarlo. Es como una patada en el estómago. Pensabas que lo entendían, pero parece que no.
El problema no es tu actitud frente al problema, no cuando el monstruo contra el que tienes que luchar eres tú misma. El problema es que incluso esa persona que te juró jamás apartarte de tu lado te culpe de no ser capaz de vencer. ¿Sabéis qué es lo peor de luchar contra ti misma? Conoces todos tus movimientos. Seguir viva ya no es suficiente como intento, al parecer. Tú no eres suficiente. Y sin embargo, aquí sigues, intentándolo, aunque no sea suficiente. Por el recuerdo agridulce de un fantasma, por la promesa que le hiciste. Le prometiste sacrificar tu felicidad en pos de la suya, porque es lo único que importa; le prometiste que te quedarías siempre.
Y aun así, todavía tienen el coraje de decir que no lo intentas.
11.18.2014
El poema del piano
Dicho poema vino a parar a mis manos justo en el momento oportuno; una dosis de optimismo en verso a tiempo de volver a casa mirando por dónde iba, al contrario que en el viaje de ida, en el que un coche despistado hubiera recibido mi más cándida gratitud. A decir verdad es una pequeña estupidez. Poco después descubrí que el poema era bastante más largo del que tenía yo, que sólo se trataba de un fragmento, y que, de hecho, no pertenecía a Walt Whitman; el poema se le atribuye a él pero se ha comprobado que no salió de su pluma y tintero. Eso es lo de menos, naturalmente, porque, aquel día, el susodicho poema penetró en mi corazón como un soplo de aire fresco. Y volví a casa, en efecto, levantando la cabeza en los pasos de cebra, sin lágrimas en los ojos, para poner mi pequeño regalo plastificado encima del piano.
A día de hoy, un par de años después, el poema sigue ahí colocado, mártir de mis insuficientes y a la vez interminables horas de práctica. Sin embargo, de repente ya no es suficiente, y el poema por el que una vez caí rendida ya no hace que me preocupe por los coches de los pasos de cebra.
11.17.2014
Paranoia
Ah, sí, tus demonios, oportuna referencia. Siguen creciendo con cada noche en vela, alimentándose de ti a través de las pesadillas, que ya no acaban cuando te despiertas. Todos se alejan, y los que no lo hacen son expulsados, porque todo es demasiado confuso; no lo entienden. No lo entienden y te tratan como si estuvieras loca, pero no es así. No estás loca. Es solo que el huracán no te deja pensar con claridad. Nada tiene sentido. Empiezas a perder la cuenta de las veces que lloras sangre, cada desgarro de tu alma deja de ser suficiente, la música se va construyendo sobre armonías cargadas como un cable de alta tensión, rebosando de voltaje con el que crisparte los nervios. La marea te bambolea sobre la orilla, una y otra vez, hacia delante y hacia atrás, una y otra vez, sin cesar, sin permitirte coger el aire necesario pero sin ahogarte lo suficiente como para matarte. La supernova se extiende desde tu interior, en un intensísimo dolor sordo; no sientes nada pero todo duele como mil dagas sobre tu piel. Ves como se apaga la luz en la oscuridad. Tu expresión ha tomado esa pincelada de locura, en la que sonríes con la mirada perdida en el infinito. Todas las mentiras se erigen sobre ti como falsas verdades, o quizá como auténticos fraudes. La realidad y la quimera se vuelven una sola dentro de ti, el ojo del huracán.
No hay forma de escapar. En el centro, toda la energía gira a tu alrededor hinchándote como si fueras un receptor de electricidad estática, acumulando sombras sin poder hacer nada. Porque un solo paso en falso, y los vientos asesinos te reclamarán como suyos, devorándote hasta que no quede nada. No hay salidas. Estás sola en medio de la tempestad. Sola con tu paranoia.
10.26.2014
Se supone
Se supone que deberías pensar que la vida es un regalo. Se supone que deberías ser feliz sólo por el hecho de estar vida. Se supone. Pero no es así.
Se supone que te han salvado la vida porque es por ellos que estás aquí. Se supone que deberías estar agradecida de ello, se supone que no debería ni pasársete por la imaginación hacer algo así, se supone que saben lo que te pasa pero no tienen ni idea, se supone que tienes todo lo que quieres, se supone que eres una egoísta, se supone que no ves lo valioso que es tu mundo, lo valiosa que eres tú. Se supone que no se puede odiar a alguien que amas.
Pero también se supone que cuando amas algo, lo dejas ir. Si le obligas a quedarse a tu lado, en contra de su voluntad, dejará de amarte. Y eso no es una suposición.
9.30.2014
La sombra
Sus colores se vuelven más grises aunque que te ensañes con tu paleta; sus contornos se difuminan, por mucho que intentes repasarlos con tu rotulador. Hagas lo que hagas, digas lo que digas... no sirve para nada, más que para alegarla todavía más de ti, para hacerla desaparecer un poquito más rápido. No puedes sino guardar silencio y ser un impotente espectador en la crónica de un suicidio. La ira se acumula en tu interior a cada día que pasa, presa de esa maldita impotencia y ese miedo que te impiden hacer otra cosa que no sea retener las lágrimas; con ellas, sólo diluirías aún más sus colores. Harías lo que fuera, cualquier cosa por poder hacerla volver, con todos sus colores, con sus formas perfectas, sin una sola esquina borrosa o decolorada. Y sin embargo, no puedes. No hay asesinos en esta película, no hay villanos ni héroes; sólo existe la profunda crueldad de un pensamiento más poderoso que ella misma, y un odio mayor que el de los dioses cuando se empeñan en castigar a sus estúpidos y débiles mortales.
Puedes vivir sin su amistad, pero no quieres vivir sin ella. Lo intentas todo pero no puedes hacer nada; sus colores se siguen perdiendo en la bruma de un universo al que no podría importarle lo más mínimo. Alargas el brazo y cierras la mano en un puño, pero no se puede agarrar algo que ya no está. Como motas de polvo a la luz del sol, como polvo de hadas en un cuento para niños; cierras la mano en torno al vacío. Sigues quieta y callada, observándola desaparecer, hasta que sólo te queda su sombra.
9.17.2014
Cuando un hombre
9.01.2014
Te lo crees
Te pregunta por qué estás callada, por qué no le miras; te pregunta por qué estás enfadada con él. Pero no lo estás. Giras la cabeza para otro lado porque no quieres que te vea llorar, no hablas porque las palabras no consiguen hacerse paso a través del nudo de tu garganta. Cuando te pasa la mano por la espalda y te acerca hacia sí, respiras hondo y consigues calmarte, pero justo cuando intentas verbalizar tu mayor miedo, las lágrimas vuelven a tus ojos y el nudo de la garganta se cierra sobre ti para cobrarse tu voz. Y así hasta que finalmente guardas silencio. Dejas que él te arruye, que te bese en la sien, que una avispa distraída llene tu mente con su zumbido por entre la hierba. Pero el dolor no se va. Nunca se va.
Se suponía que habías conseguido matar a tus fantasmas, y, sin embargo, por las noches, son ellos los que intentan matarte. Un solo recuerdo sirve para desencadenarlo todo, y la bola crece y crece hasta que los amaneceres vuelven a teñirse de lágrimas y sangre. Los recuerdos vuelven, regresa esa idea que consiguieron hacerte creer a base de repetirla. La culpa es tuya. No vales la pena. No lo mereces.
¿Qué significa el "lo"? Algunos lo saben. Otros se lo imaginan, pero están equivocados. Y tú... tú te lo crees.
12.20.2013
Luces de Navidad
11.03.2013
Dirección contraria
El tren
10.19.2013
Vida o muerte
"Esto no es vida", dices. Pero tampoco es muerte.
Horas sentadas a la mesa, frente a la ventana, sin poder salir o hacer lo que realmente quieres. Horas perdidas, horas vacías sin motivación alguna; y a contrarreloj. Estudias para llegar a conseguir un trabajo digno, trabajas para ganar un buen sueldo, dar de comer a tus hijos... Y mueres. Es estúpido. Toda la vida trabajando, siempre pensando en el maldito futuro sin poder disfrutar del presente; porque si te descuidas... Quedas eliminado.
"Ahora tienes que estudiar, ya tendrás tiempo para ti más adelante". Mentira. Es una sucia mentira y ni siquiera tienes otra opción más que confiar en ella. Semanas sin salir, sin poder tener unas horas para ti, ni para él, ni para nadie. Tu pluma lleva tanto tiempo sin usar que se ha quedado sin tinta. No tienes tiempo ni para llorar, así que lloras en sueños.
Y lo peor de todo es que esto no es.vida pero tampoco es muerte. Es odioso, injusto. No es nada. Es perder el único tiempo que tenemos como única opción para no perdernos en él. Respirar sin vivir. Morir respirando. Un limbo de angustia y desesperación, y sentirte en la cuerda floja sobre el acantilado, y que por muchos pasos que das sigues igual de lejos de la meta. Ni siquiera puedes permitirte pensar en ello. Tu obligación es no pensar en ti para poder pensar en ti. Ni siquiera tiene sentido.
Esto no es vida ni es muerte; pero, desde luego, te gustaría estarlo.
10.12.2013
Arrepentimientos
Y quizá sólo sea por culpa del dolor y de la pérdida, pero no puedes dejar de pensar en los momentos malos; en aquel día en el que gritaste, o cuando no quisiste dar un abrazo; aquella tarde en la que fuiste brusca o te enfadaste por una tontería y no quisiste hablar. Y no puedes dejar de llorar. Y te arrepientes. Porque esa persona se ha ido con todas las cicatrices que tú infringiste, muchas veces de forma voluntaria. Hagas lo que hagas, no puedes cambiar los hechos, no puedes deshacer esas heridas, y por consiguiente esa persona, a la que a pesar de haber hecho daño has querido y querrás siempre con locura, se ha ido marcada por ti. Probablemente desde el cielo a ti te recuerde por los grandes momentos, por la ternura y por las satisfacciones, pero en la dura tierra tú sólo puedes pensar en que podrías haberlo hecho de otra manera.
Podrías haber escondido ese par de lágrimas, podrías no haber gritado, podrías no haber herido, podrías haber luchado. Y elegiste no hacerlo. Siempre podría haber sido diferente. Y ya no.
El arrepentimiento te ataca en forma de dolor, un dolor que nubla todos tus sentidos y sólo te permite derramar lágrimas. Porque hiciste daño a la persona que más te ha querido jamás. Porque no puedes borrarlo. Porque, pase lo que pase, hagas lo que hagas... Nada borrará el pasado. Y ya sea mañana o dentro de diez años... Una persona a la que quieres se irá con las heridas que tú infringiste. Y tú lo sabrás.
Y ni siquiera llorando podrás cambiarlo. Jamás.
10.06.2013
El Callejón
Si tuvieras una pistola a mano, ahora mismo no dudarías en usarla, pero no la hay; no puedes darte el lujo de morir. De parar el sufrimiento, de dejar de sentir el frío. Tienes que quedarte aquí, a oscuras, acurrucada contra la fría e inerte pared del callejón cada vez más entumecida y sin posibilidad de entrar en calor. Algunos pensarían que el entumecimiento es bueno, que dejas de sentir, pero no es así; el frío corta tus músculos, tus tejidos, todas y cada una de tus células y tu alma. Te hace sentir débil con mucha intensidad, y la constante lluvia pesa sobre tu ropa, añadiendo otra carga a tu maltratado cuerpo.
De vez en cuando vislumbras el reflejo de los faros de algún coche contra la pared del callejón, pero su luz no dura lo suficiente ni tiene la potencia necesaria como para hacerte entrar en calor. No puedes dejar de llorar; no te duele nada, expresamente, pero las lágrimas luchan por recorrer tu rostro por la simple razón de que tienes frío. Y no puedes hacer que pare. Quieres gritar, pero la voz no te responde, quieres levantarte pero no puedes, quieres dejar de llorar, pero el frío no te lo permite. En el callejón, no puedes hacer nada. Esperar, quizá. Esperar a que, a falta de una pistola, puedas salir cuando el tiempo erosione los muros del callejón, o a ti; lo que ocurra primero. Habrás cumplido tu misión de vivir una vida completa, a pesar de vacía. Una vida larga, infeliz. El regalo de una vida entera, maldita.
Una vida fría y mojada en el callejón.
8.05.2013
La espada
Cuida lo que te importa; puede que no sea tan indestructible como crees.
